Ya son casi tres años que vivo en Catalunya y aún me sigo topando con cosas que me asombran. Es incluso divertido porque, cuando hablo con alguien de por aquí y se me queda mirando raro, sé que detrás pasará algo. Pero comencemos por el principio y por cosas sencillas.
Nota importante: Es fundamental aclarar que Cuba difiere en muchos aspectos de España y de Catalunya, no solo por el sistema político o la economía. Aunque algunas de las experiencias que comparto pueden encontrarse en otros lugares, las cuento desde mi perspectiva como residente en Catalunya.
1. Los pasos peatonales
En mi isla, Cuba, solo hay pasos peatonales en lugares muy puntuales, y casi siempre están acompañados de un semáforo. Esto significa que a diario cruzaba por el medio de la calle. Algunas avenidas tienen un límite entre las dos sendas, donde te puedes parar si no te da tiempo a cruzar. Recuerdo las advertencias de mi madre: “Merceditas, no te subas en el medio, que si viene un carro grande, el vacío que genera detrás puede desbalancearte y hacerte caer.”
Aquí, aunque hay algún kamikaze que se lanza a cruzar, si pones un pie en el paso peatonal, los coches se detienen.

2. El costo de los productos y las moneditas
Para muchos cubanos, cuando llegan a España, la variedad de comida en los supermercados es una sorpresa, especialmente para aquellos que no están acostumbrados a usar internet. A mí, lo que más me sorprendió fue el costo de los productos. Recuerdo mi primera visita al Lidl con otra cubana que ya llevaba casi un año en Barcelona. Yo iba contando cada billete, tratando de ahorrar; y cuando nos acercamos a la caja, ella me pregunta: Mercy, ¿cuánto crees que te has gastado en total? Yo… unos 50 €. Cuando la chica del súper me dijo 19 con no sé cuánto, me quedé pasmada. ¿Cómo era que llevaba un carro con las cosas de primera necesidad y un pelín más y costaba tan poco?
Muchos cubanos, después de unos meses, tienen un montón de moneditas que no saben cómo usar; yo no fui la excepción. Aunque creo que los españoles también tienen este problema, diría que es en menor medida, ya que ellos utilizan más la tarjeta. Lo curioso es que los centavos, en Cuba, no valen para nada.

Para dar un poco de contexto, el peso cubano tiene monedas de 1, 2, 5 y 20 centavos, así como de 1, 3 y 5 pesos. En 2019, con monedas de 20 centavos podías pagar el autobús que costaba 40 céntimos. Sin embargo, desde hace unos años, el precio del autobús ha aumentado a entre 2 y 5 pesos, dejando a las monedas más pequeñas en desuso. Puedes consultar más sobre la moneda cubana en El Toque.

3. El idioma
Vamos a irnos a otro extremo: el idioma; pero no me voy a quedar solo en que en Cataluña se habla catalán y tal… NO. A lo que voy es a lo siguiente: en Cuba, cuando estamos en una habitación oscura, encendemos la luz, pero los catalanes la abren. ¿Cómo te quedas? Y, por supuesto, cuando los cubanos apagan la luz, los catalanes la cierran. Casi todas las noches escucho: “tanca la llum” y mi cubana interior se muere de la risa.

Otra diferencia que aprendí bastante rápido (pero creo que esta ya es de toda España) es que la pena y la vergüenza son dos cosas diferentes. Me explico: en Cuba decimos: ¡Ay! No quiero exponer el trabajo que hice enfrente de tanta gente; por aquí eso sería la definición de tener vergüenza en este caso al hablar en público. La pena vendría a ser un sentimiento más cercano a cuando se muere un familiar o te sientes mal por algo que le ha pasado a una persona. Como esta, hay un montón de diferencias idiomáticas.
4. Ceder o no el asiento en el bus o el metro
A riesgo de parecer de otro siglo, hay aspectos de mi cultura de los que me siento muy orgullosa, y uno de ellos es el comportamiento en la guagua. En La Habana, hay una ley no escrita que establece que un hombre debe ceder su asiento a una mujer. Aunque hay quienes ignoran esta norma, para nosotros es una cuestión de educación.
Una mujer cubana siempre anda con un montón de bultos; antes de llegar a su casa debe hacer escala en muchos lugares y todo en transporte público. Lo de tener carro es un privilegio casi inaccesible. Y antes de que me digas que algunos hombres también, te argumento que hablo de la generalidad y que, casi por norma, las mujeres en Cuba llevan la carga mental de su hogar y los niños a su cargo.
Luego, dejando de lado las diferencias de sexo entre personas, sucede una cosa que a mí me gusta. Entre mujeres también nos damos el asiento. Si tú eres más joven y hay una mujer notablemente cansada a tu alrededor, te levantas, no sin antes hacer contacto visual con ella para comunicárselo y le cedes tu asiento. El 99% de las veces, si vas con tus propios bultos, esa persona a la que le cediste el asiento se ofrece a cargártelos hasta que te bajes tú o ella.
Y la otra parte es que si eres una mujer embarazada, un señor o señora mayor, una persona discapacitada o alguien que realmente necesite estar sentado, las personas de la guagua pueden llegar a ejercer tal presión sobre los que están sentados que alguien se terminará levantando para que se siente esa persona que lo necesita.
5. La comida
Las diferencias culturales en la comida son extensas, pero permíteme ilustrarte con un ejemplo. En Cuba, el verde es el limón y el amarillo es la lima. Aunque la lima es difícil de encontrar, el limón criollo tiene mucho jugo y se usa para preparar nuestra bebida más refrescante: la limonada.

6. ¡Uy! El sol
El verano pasado me tocó caminar casi a diario bajo el sol como unos 30 minutos cada día. Esta cubana se armó con sus gafas y sombrilla. Madre mía, parecía que la gente estaba viendo pasar a un elefante verde. No entendía mucho y un día cualquiera me crucé con una conocida que me dice: “el otro día te vi caminando por la calle con un paraguas”. Cuando vi en su cara el asombro hecho carne, me di cuenta enseguida de que el sol aquí no pega tan fuerte y seguido como en el Caribe, y a la que hace un poco, las personas salen a coger “un poco de color” para no verse pálidas (criterios estéticos regionales). Cosa que luego confirmé cuando veía en la piscina una larga secuencia de mujeres en toalla aplicándose bronceador y dándose la vuelta como trozos de carne en la sartén. De este hilo tiraré ahora mismo.
7. El verano y los cuerpos
Año 2022, mi primer verano en Catalunya, yo subida en el R1 dirección Arenys de Mar. Algo me habían comentado, pero yo no había prestado atención. Voy con mi música en los audífonos, mirando al mar a través del cristal y, de pronto, empiezo a ver figuras humanas en gran cantidad caminando tranquilamente por la arena o saliendo del agua, literal encueros todos.
Esto quizás es lo que más me ha llamado la atención de todo. Me llevó a pensar muchas cosas, pero sobre todo cuántos prejuicios había ocultos en mi sociedad, con más o con menos evidencia. Las mujeres, sobre todo, escuchamos muchos comentarios sobre cómo debe o no debe ser nuestro cuerpo. Que si la celulitis, que si estás gorda, flaca, que si el pelo lo tienes que tener lacio, o ahora que se ha puesto de moda que todo el pelo debe ser rizado, que si no debemos vestir provocativas. Nada de shorts cortos o de escotes, porque todo esto pone en duda tu valía como mujer. Y, mientras tanto, yo miraba esos cuerpos desnudos y miraba personas que han aprendido o están aprendiendo a convivir con su cuerpo.
Aún hoy me cuesta ver gente desnuda en la playa y en entornos similares, pero reconozco que es una de las tantas maneras de sentirse libres o de aceptar tu cuerpo.

La experiencia de vivir en Catalunya está siendo un viaje fascinante lleno de descubrimientos y contrastes que me han permitido ampliar mis horizontes. A medida que me adapto a esta nueva vida, reconozco que cada día es una oportunidad para aprender y apreciar la diversidad que nos rodea.
Espero que mis experiencias sirvan como un puente para comprender mejor las particularidades de la vida en Catalunya y, al mismo tiempo, para celebrar la diversidad cultural que nos enriquece a todos. A medida que continúo esta aventura, estaré encantada de compartir más reflexiones en futuras publicaciones. ¡Gracias por acompañarme en este viaje!

One response
me siento muy identificada,me has transportado a mi Cuba linda