Se me antoja lejano lo que te contaré ahora, pero hay sensaciones que no se olvidan. Mi primera semana en Barcelona fue muy especial. Sin haberlo pensado mucho, me estaba hospedado en una de las zonas más concurridas, y el mero hecho de salir a la calle me daba miedo. El primer día quedé con una amiga que ya no está, y de alguna manera me sentía protegida. Cada vez que me quedaba sembrada en el suelo delante de las líneas blancas…ella me decía: -Mercy, los coches paran cuando estás en el paso peatonal. Aún hoy, casi dos años después, hasta que el coche no para en seco, yo no cruzo.
La primera noche que dormí lejos del Caribe pasé frío. Cuando llegué, todos dormían y, por no molestar, ni siquiera encendí la luz. Me duché y me fui a la cama. Al día siguiente, mis pies eran dos témpanos de hielo; solo me había tapado con una chaqueta, y en el afán de acomodarme pronto obvié el hecho de que la manta era justo lo que había debajo de mi cuerpo. Tuve que reír para no llorar.
Ese día aún no lo había sufrido demasiado, pero pronto me daría cuenta de que la única persona que siempre tendría a mi lado era yo misma. Mamá ya no estaba a 15 minutos andando; mi familia, por más que doliera, ya no estaría tan cerca, y los problemas que enfrentaría serían únicamente míos, aunque encontrara refugio en las muchas palabras duras de mi madre cargadas de amor.
El segundo día deambulé por la casa que acogía a personas de todo el mundo. Unas más serias, otras más alegres; unas calladas, otras demasiado escandalosas. Sin embargo, hubo un argentino que fue quien me empezó a abrir los ojos al mundo. Es un hombre curtido por los años, pero con una expresión muy jovial en el rostro. Me contaba sobre sus hijas y cómo ya eran mujeres que se habían hecho a sí mismas. Me contó muchas cosas, y fue mi primer gran apoyo en esto que llamo: el mundo fuera de mi isla. Cuando no me atrevía aún a salir a la calle, se inventaba excusas para ir a tomar helado, desde el balcón de la casa me mostraba cosas que veía a diario y, sobre todo, llenaba mi cabeza con sus historias y hacía que no sintiera ganas de llorar pensando en todo lo que había dejado atrás.
Fue la segunda noche cuando comencé a hablar como una niña que va al primer día de colegio. Esa noche fue la primera en la que hablé de cómo funcionaban las cosas en mi país a personas que nunca habían estado en él. También fue la primera vez que me cuestionaba cosas que antes solo me preocupaban. Comencé a hablar de asuntos que ni yo misma terminaba de entender; y frente a mis ojos, solo veía caras donde reinaba el desconcierto y el asombro.
Esa semana también fue mi primera vez en el súper….la cantidad de cosas nunca me llamó tanto la atención como lo poco que me pareció que valía comprado con el valor del dinero en mi ciudad. Aún recuerdo cosas como: ¿huevo cocido en el mercado? El supermercado siempre ha sido un lugar interesante para mí….
Pasó la primera semana y aún me encontraba en una burbuja. Empezaba a conocer gente nueva, pero solo a través de antiguos conocidos. Más tarde descubrí que para mí es mejor abrirse camino lejos de lo conocido; aunque el lugar físico y mental donde me encuentro ahora se lo debo a esos primeros cuatro meses.
Quizás nunca expliqué mucho sobre esos meses, pero me enseñaron lo indecible sobre el mundo a mi alrededor y sobre cómo no quería ser yo. Pero comencemos a hablar de otras cuestiones…
Si en algún momento has tenido que cambiar radicalmente de lugar de residencia y eres, por llamarlo de una manera sutil, ¨especial¨ para comer, sabrás tan bien como yo que hacer la compra, sobre todo de comida, es una movida grande. Si aún no lo has vivido, te lo dejo claro: no te tomes la tarea de hacer la compra y comer a la ligera. Así que te dejo unos pequeños detallitos que me hubiera gustado saber a mí al mudarme de La Habana a España….bueno, de La Habana a Catalunya.
Trucos para personas peculiares con la comida:
- Haz tu propia lista de la compra; y no te la dejes en casa.
- Compra los alimentos que sabes que comes, esos que en tu ciudad eran tus imprescindibles.
- Crea un presupuesto para comprar comida. Ten en cuenta que lo irás perfeccionando en la medida en que pase el tiempo.
- Las especias son comida, no te olvides de ellas; porque cuando llegues a casa presta(o) a cocinar y se te haya quedado la cebolla o la sal, lo lamentarás.
- No te excedas con la primera compra. En el carrito primero se echan los básicos y luego los caprichos, si pasas por el pasillo de las galletas y aún no has cogido los huevos….se sigue de largo.
- En la medida en la que vayas agregando cosas al carrito saca tu calculadora y ve sumando los precios. Esto te ayudará a visualizar mejor cuanto te queda del presupuesto.
Una cosa importante: los básicos en la despensa para cada persona son diferentes. Es inútil que compres un kilo de arroz si no te gusta. La idea es que el proceso de reaprender a comer lo disfrutes, no que sea una tortura. Por ejemplo para mí es imprescindible el zumo de naranja; cuando paso días sin él, se me descuadran las comidas.
Pero vamos, que para hacerte la vida un poquito más fácil te comparto esta plantilla para que cuando vayas a hacer la compra, no se te quede nada.
Espero que estés muy bien, y si no, quiero que sepas que pronto lo estarás. Un saludo y hasta pronto.

One response
muy de acuerdo con eso de agarrar primero los básicos y luego los caprichos jajajjaja