Llegué aquí con la esperanza de crear mi propio hogar y de alguna manera lo ha sido por un tiempo. Encontré mi refugio en este pequeño pueblo ciudad que me ha enseñado mucho a base de dolor, pero también de mucho amor.
Aún recuerdo la primera vez que pisé estos lares. Cargaba el agobio sobre los hombros. Me precedían días de comer poco y de mucho estrés. Llegaba aquí en el E3 mirando todo y examinando esta ciudad que tantos misterios me ocultaba. Mientras observaba, no sabía si había llegado o no, pero veía mucho movimiento de gente, muchos bares y muchos jóvenes. Luego descubrí que todo eso se debe a la cantidad de edificios altos, pero sobre todo a que por aquí estaba la Universidad Autónoma de Barcelona… la UAB para los amigos.
Bajé del bus y, con poco caminar, llegué a un edificio de noche donde me esperaba un hombre de mediana edad con el pelo un poco descuidado y quizás barba de unos días. Subí con él en el ascensor más estrecho en el que había subido en mi vida; y con la incomodidad de cuatro pisos encerada con un extraño en una caja que violaba las necesidades de espacio personal de cualquier individuo.
Muchos meses pasé allí y conocí a la niña más bonita, la niña que hacía que mis días fueran más alegres cuando la veía; mi pequeña Lluna. Una niña tan dulce que sus abrazos podían curar hasta la dolencia más profunda de mi alma. Vinieron muchos viernes de películas, mis primeras navidades en familia lejos de mi familia. También encontré a una amiga. Una mujer con mucho mundo que dejaba atrás su poca necesidad de contacto físico para darme un abrazo, cuando yo venía agotada de aprender a vivir en esta sociedad; la persona que enseñó a mi Lluna a ser esa nena tan especial, su mamá. Tanta comodidad sentía dentro de mi propio caos que casi nos vamos a vivir juntas hasta que un ser ajeno a nosotras irrumpió en nuestro paraíso de felicidad.
¨La noche era oscura como cuando la luna es tapada por el sol. En el instante en que Morfeo abrazaba su cuerpo, el miedo nubló la claridad. Sueño interrumpido por el control de un cuerpo muerto de alma. Fuerte golpe de realidad. La noche se hizo día para siempre y Morfeo no pudo volver. Un cuerpo agotado, perturbado, triste se deslizaba dejando una huella de aire caliente a su paso poco antes del amanecer. La luz no quería salir, los minutos eran cada vez más helados. Y entonces apareció un ángel en forma de jazmín que la envolvió como madre que levanta a su hija con fuerza desconocida. La calma empezó a volver tras fuertes abrazos. El sol aún tímido comenzaba a salir. Llegaban flores de todas partes a levantar su alma. Y entonces su alma empezó a transformar el oscuro hollín en dulce aroma de primavera.¨
Al día siguiente ya estaba buscando habitación lejos de aquel ser. Un par de semanas más tarde me mudé al lugar desde donde estoy escribiendo ahora. En un punto en el que me había descubierto rodeada de personas que me querían y acompañada en el proceso de vivir encontré un poquito de paz. Aunque pasaba frío en las noches me sentía segura, tranquila…y desde otra perspectiva miraba mi vida.
Un poco más tarde llegó mi primer viaje sola, que con un poco de ayuda pude planificar. Visité la ciudad que huele a azahar: Valencia.
¨Hay un olor que guardo en la memoria desde que soy pequeña. Estos días me he vuelto a sentirme niña mientras recorría las calles de una ciudad nueva. El viaje de ida casi fue eterno a la compañía de un niño que hacía y deshacía a su antojo, sin límites. Al salir del vagón unas palabras en un idioma que tengo muy aprendido.
Salgo, respiro, aire nuevo, un aire diferente cargado en parte de incertidumbre y en parte de curiosidad. Unos pasos más y otro tren. Un gesto esquivo y otro muy amable. Una caminata corta, un saludo, unas llaves y un adiós. Una ciudad por descubrir, seis pies que me siguen y la cita con una comida de recuerdos. Otras palabras, una despedida y una noche cerrada. Un despertar, un día hermoso y varios momentos capturados, llenos de flores y de colores.
Una pausa para comer y una foto. Una foto que detuvo mi corazón. Una foto de un rostro, de un cuerpo y un rojo sangre que jamás olvidaré. Una foto que me hizo sonreír, vibrar y respirar con apuro….una foto que me descolocó y me hizo conocer más mi interior. Una foto que me hizo mirar con lujuria al deseo y con ternura al abrazo.
Un museo insípido y una pintura llena de vida y realismo. Unos pasos más, un mercado, mucha gente y mucha comida. Otros pasos, otro tren, una estación: Ayora, y un encuentro poco esperado con la tierra que me vio nacer, con la persona que me vio dar el primer paso para seguir mi sueño, y que pensé, que mi rostro había olvidado. Una mirada, unas palabras, un plan y una tarde para el recuerdo. El viaje de retorno ha empezado y ya no terminará.¨
Fue el viaje de introspección más bonito que he hecho hasta ahora pero cuando volví a ver, esas palabras que en catalán me anunciaba que volvía a Barcelona me sentí en casa otra vez.
Incontables cosas pasaron luego, pero sin lugar a dudas he aprendido mucho de vivir en un piso compartido con más estudiantes. Y desde el fondo de mi corazón, aunque la experiencia ha sido enriquecedora no me gustaría volver a hacerlo.
Cerdanyola del Vallés siempre será un lugar muy especial para mí, porque allí conocí lo que es empezar a aprender a poner límites, a distinguir con mayor claridad qué personas quiero tener a mi lado y cuales no. Entendí que aunque haya personas que estén en momentos que para mí son difíciles no necesariamente serán mis amigos. Conocí lo que significa estar en una colla castellera, y como se puede aprender a conocer a las personas sólo ¨fent pinya¨. Pero sobre todo allí empecé a permitirme sanar mis heridas del pasado y a construir la mujer que quiero ser.
Hasta pronto!

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