Hace muchos meses que no separo el móvil de mis manos. A menudo me encuentro en situaciones donde antes ni siquiera pensaba en mirarlo; y creo que esto tiene que ver mucho con la sociedad en la que te insertas. Es más bien el mensaje subliminal que aprendes de lo que ves a diario a tu alrededor. La manera de gestionar el estrés, de huir de situaciones, de volar cuando no puedes: el móvil. Digamos que prácticamente todo lo que hacíamos antes de que apareciera este artefacto, ahora lo podemos encontrar dentro de él.
Si soy completamente sincera, aunque paso todo el día con el móvil a menos de 10 cm, hay momentos en los que no lo necesito; pero ya es una costumbre adquirida. Prefiero mirar la hora en un reloj de agujas, escribir en una agenda de papel aunque luego use recordatorios digitales o simplemente escuchar música sin ver que tengo pendiente una notificación de WhatsApp. Ahora sonaré muy vintage, pero extraño los tiempos del MP3.
Yo me considero de esas emigrantes que son consumidas por la nostalgia a cada rato. Aunque esté en una sociedad nueva, y aunque deteste muchas cosas de la mía, el lugar donde nací para mí tiene más magia que cualquier otro lugar en el mundo. Me gustaría viajar mucho más de lo que he hecho, pero recuerdo con mucho cariño en mis pensamientos mi vida antes de cruzar el Atlántico. Viajo constantemente a esos domingos de comidas familiares, a esas tardes de carriola, a los juegos de dominó en la esquina, o a ese corretaje que se arma cuando juegas al escondido o al cogido por toda la cuadra.
Hay muchas maneras de viajar, y aunque mi memoria a menudo se proyecta en mis recuerdos, he redescubierto otras formas. No sé si en tu casa pasaba, pero en la mía había una revista que en la última página tenía un crucigrama; los espacios entre palabras eran cuadraditos negros. El crucigrama en sí, tenía un tamaño bastante grande, ocupaba quizás media página o casi. La revista seguro era ¨Bohemia¨.
Mi cerebro, hace ya más de 8 meses, era un cúmulo de cosas, un mix de ideas. Se inventaba cualquier cosa para poder salir de la cárcel mental y casi física en la que me encontraba. Yo diría que de la nada surgió la idea de hacer un libro de crucigramas. Él te diría que fue una idea muy meditada subconscientemente y que mientras yo sobrevivía, él buscaba la alternativa para que comenzara a vivir. Al principio no quise compartirlo con muchas personas para evitar comentarios negativos, que al final aparecieron. Pero si hay algo que me ha traído muchos problemas y que a la vez me gusta de mí misma es lo cabezona que puedo llegar a ser, y creo que es justo eso lo que me hace lograr las cosas que me propongo.
Así que vamos al lío. En el siguiente enlace te dejaré uno de los crucigramas que he hecho y serás tú quien me diga su opinión sobre el tiempo que he invertido. Esto va a ser un ejercicio bilateral; tú resolverás un crucigrama (ya me dirás si con o sin ayuda) y yo me enfrentaré a las críticas. Cuando lo acabes, envíamelo; y ¿Quién sabe? A lo mejor te espera alguna sorpresa.

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