El mundo fuera de mi isla

Esta es mi historia, y comienza con un adiós a todo lo que ya conozco y sin saberlo me protegía. 

Son las 10 de la noche y oficialmente estoy sola, montada por primera vez en un avión, rodeada de gente extraña y tan emocionada que el miedo todavía no tiene lugar en mis pensamientos. Hace solo 5 horas abrazaba a mi madre como si no la fuera a volver a ver; y a mi perra como si nos pudiéramos fundir en un solo ser y la pudiera llevar conmigo. 

A mi lado durante todo el viaje se sentó un joven deportista que jamás olvidaré. Uno nunca olvida el rostro de quien te trata con amabilidad cuando no conoces que hay más allá del muro del Malecón. ¿Qué se siente estar a tanta distancia del suelo cuando nunca has volado? Te digo lo que sentí yo: un mareo increíble, vibración en lo más profundo de mi cabeza y burbujas en los oídos. Durante ese vuelo supe que también decía adiós a las horas de sueño y descanso profundo. A la luz de hoy te digo que no he vuelto a dormir tranquila y hoy hace exactamente un año, diez meses y cuatro días que salí de casa. Quizás es justo por eso que no he vuelto a dormir bien; mi cuerpo sabe que no está en su hogar y que aún tardará un tiempo en construir otro.

Ya es de día otra vez. Veo tierra a mucha distancia bajo mis pies. Mira! Estamos sobrevolando Portugal. Un rato después me despido de aquel chico, le deseo tanta suerte en su competencia como él me augura a mí en mi nueva etapa. Me esperan largas horas sola en el aeropuerto de Madrid. Caminé de un lado a otro y cuando por fin me senté aproveché para mirar la arquitectura tan única que tenía sobre mi cabeza.

Hora de mi segundo vuelo en avión. Esta vez es un gigante más pequeño, esta vez voy más apretada y a la vez que me acomodo veo entrar ejecutivos y gente elegantemente vestida (aunque después de un tiempo en mi ciudad de acogida te digo que las personas usualmente van elegantemente vestidas por las calles). No faltó el momento en el que pasaron integrantes de la tripulación vendiendo comida y hasta perfumes. Recuerdo haber pensado: ¿para que necesitaría alguien un perfume en un avión?, pero si algo me ha enseñado mi carrera es que las necesidades son tan variadas como diferente es un individuo de otro; y justo en ese momento comencé a pensar en posibles situaciones en las que alguien podría necesitar un perfume en un avión. Pasaron por mi mente miles de historias, terminé sonriendo mientras miraba la escena en que un alto ejecutivo salía a la carrera del avión para, en el baño del aeropuerto, cambiar su americana, corbata y camisa por una playera que traía impecablemente doblada en su maletín, y sus pantalones caqui por unos shorts de flores con degradados que iban del amarillo al violeta pasando por el azul, el rojo y el naranja. 

Más tarde solo veo enormes montañas y tengo la sensación de que el piloto se aburre, y mientras da vueltas en círculos. A la luz de hoy se que son las maniobras aeronáuticas necesarias para aterrizar en el Aeropuerto de Barcelona.

Ese primer día en Barcelona no lo olvidaré jamás. Caminar por esas calles con la sensación más profunda de libertad que jamás había sentido en mi vida, fue algo inexplicable. El aire diferente pero igual, las gentes con colores divertidos en sus ropajes y con la aparente felicidad de quién se mueve al ritmo de una música que nadie toca pero que sorprendentemente la gente escucha.

Mis caminos por Barcelona no acabaron aquí, pero eso ya es otra historia. Espero encontrarte la próxima vez para que vivas este sueño conmigo.

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4 Responses

  1. Me encanta esa manera de escribir, afloran tus sentimientos más profundos y auténticos. Espero con ansiedad la próxima publicación. Un beso y un abrazo enormes.

  2. como vistes hoy en el ensayo ,solo leyendo un poquito ya me emocioné😭😭 sigue escribiendo nunca pierdas esa esencia😘😘😘

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